Felicidonia


A MODO DE PRÓLOGO

Intentar prologar un libro de minificciones debería ser un acto sencillo y espontáneo, como lo es la gestualidad —en este caso lo escritural— de una sonrisa, una sonrisa que sirva de portal de bienvenida y de invitación a quienes, como lectores, estamos siendo estimulados a ingresar a la particularidad de un mundo creativo que tiene a la palabra como nexo y herramienta de sentires. Por otra parte, un prólogo para un libro de minificciones no debería ambicionar ser una notoria exposición / digresión que demore el encuentro con lo realmente importante y que es, precisamente, el libro al que se intenta acercar. Por estas razones, pasaremos a una breve serie de anotaciones que pueden alcanzar sentido y significado en este introito.
El mundo textual que nos propone Vardé nos irá adentrando en un espacio de graduaciones y sentidos que va desde lo cuasi aforístico a la convencionalidad narrativa de la minificción. En todos los casos, la palabra se ofrece portadora de planteos donde, tanto lo poético como lo directamente expresado, va creando universos vívidos donde la sugestión, la sutileza, la ironía, el planteamiento de trama y otros juegos, concretan historias precisas, sólidas y acotadas.
La primera parte (el libro se compone de tres apartados) nos enfrenta a planteos nanonarratológicos que, a modos de destellos, improntan por su sutileza humorística. La economía textual alcanza la peculiaridad de un modo directo, llano, que ofrece, en la mayoría de los casos, otra vuelta de tuerca al propio enunciado. En ninguno de los casos a que se refieren estas breves líneas de apertura le agregaremos ejemplos. Quedará en el lector el disfrute de cada página. Una vez cruzado este umbral, nos internaremos en los otros apartados en donde nos iremos acercando a una densidad narrativa que hace de lo sencillo su arma de juego. Hay aquí propuestas lúdicas, semantizaciones varias, pasajes de envoltura referentes a alusiones literarias, personajes reales o de sentido histórico, todo de un modo personal y donde Vardé no nos propone una revisión o reescritura —cosa habitual en la minificción— de saberes universales, sino que toma esas universalidades para devolvérnosla con un aire de modernidad, de contemporaneidad, de notable factura. A medida que se avanza en la lectura, también nos vamos encontrando con planteos narrativos donde el uso de términos tecnológicos comunicacionales le permiten al autor jugar con referencias a nuestras actuales circunstancias y procesos de socialización y lograr una propuesta diferente de mirar nuestro entorno y/o nuestra interioridad.
Leer es, entre otras cosas, un acto de complicidad. Es acompañar y acompañarnos. Es engarzar un sin-número de soledades para sentirnos menos solos. Es permitirnos ser, más allá de las intelectualidades. Basta, entonces, de mayores dilaciones que «si lo breve…», nos está aguardando.
¡Bienvenidos al universo Vardé!

Ricardo Bugarín


NANOS


El prestidigitador

Mueve las cartas y te mueve el mundo hasta sacudirte la ficción en los ojos. Lo mismo hace el poeta, pero a la inversa.


Evidencia empírica sobre la existencia de Dios

Te vi.


Delete

Enojado porque no compartían nada, eliminó a to-dos sus contactos de Facebook. Todavía hoy lo busca la policía.


No tan lúdico

Hay personas con las que sin dudar jugaría a la ruleta rusa, y les daría el primer turno y la recámara completa.


UNIVERSOS DE BOLSILLO


Felicidonia

En un barrio cualquiera, el nene se cuelga de la ventana del kiosco y, estirando un bracito a través de la seguridad de las rejas, abre la palma de su mano mostrando al kiosquero las monedas brillantes que los tíos le regalaron. Pregunta: «¿Cuánto me alcanza con esto?». Luego, vuelve a su casa con todos los caramelitos juntos en la boca, creyendo ser feliz.


Edición

Corregir un texto es un acto interminable. Siempre se encuentra algo que mejorar. Hay autores que aseguran publicar para dejar de corregir y otros que corrigen aún después de haber publicado. Son perspectivas disímiles, ambas valorables. Sabemos que en un texto puede haber errores perdonables que no modifican demasiado la calidad ni la trama, errores que hasta generan una cierta ternuna. Pero hay otros, tan pero tan horribles, que dejan a todo lo demás en

                                                                                                                 .



Concierto

Desde que la abandonó, ella no hace otra cosa que hacer cosas. Todo el día, todos los días, todo el tiempo. Se levanta de madrugada, sale a correr, desayuna leche y cereales, se va a trabajar sonriente, almuerza verduras, va a facultad y le va de diez; dos veces por semana hace boxeo, los fin de semana sale y rechaza gente, y cuando vuelve a su casa todavía tiene tiempo para realizar actividades sociales y leer todo lo que tenía suspendido. Me contó esto la tarde que nos encontramos en el café de la esquina. Cuando me acerqué a saludarla, pude escuchar como en su interior sonaba bien afinadito un concierto de engranajes.


Gravedad

La Tierra tiene 4543 miles de millones años de edad; 40 075 kilómetros de circunferencia y su gravedad es de 9807 m/s².
En ese mundo hay cuestiones naturales, accidentes, montañas, valles, océanos, desiertos; hay cuestiones históricas que se repiten; hay muchos países, pero miramos uno en particular y, en ese país, una ciudad; en esa ciudad, una casa; en esa casa, una habitación; en esa habitación, una cama donde dos personas habían acabado de gritarse de todo en cara, para luego girar y, mirando hacia la pared, desde ese momento y para siempre, cruzando el mundo entero, dormirse a 40 075 kilómetros de distancia.


AL FILO


Lo mío vale

Arranqué la hoja, me levanté del escritorio y salí corriendo a buscarlo. Yo sabía que tenía razón y me iba a hacer valer. Salté el mostrador, esquivé a la recepcionista, subí por la escalera caracol y lo arrinconé contra la estantería. Los libros de arriba cayeron sobre mi cabeza, por eso había dado un paso atrás, mientras él me miraba con la soberbia del que se sostiene por la hegemonía paradigmática. Estaba con-vencido, yo también, por eso lo embestí con todo, violento. Los gritos prorrumpieron en el ominoso pasillo. Se lo dije y ante su estabilidad le froté la hoja en la cara. Lo mío vale. Satisfecho tomé los libros del piso, los dejé en el mostrador de entrada para no ubicarlos de modo erróneo y salí a la calle.


Un mono más

Un mono que no quería ser mono abandonó la manada para alistarse con otros animales. Al principio se juntó con las jirafas, pero, harto de mirarlas de abajo, se fue. No puede ser que siempre me miren como cosa inferior, pensaba. Luego se juntó con elefantes y, como su pequeñez lo hacía sentir incómodo, se fue. No puede ser que siempre se ocupen toda la cama, pensaba. Posteriormente quedó al reparo de las golondrinas, pero rápidamente se cansó de ser el único en no poder volar y se fue. No puede ser que siempre se la pasen sentadas en el viento, pensaba. En otro intento, se juntó con los salmones, al menos ellos saben lo que es ser diferente. Pero como no aguantaba más de dos horas en el agua, ni diez segundos sumergido, se fue. No puede ser que ni siquiera pueda estar con quienes se revelan ante su propia esencia, pensaba.
Entonces, se juntó con otros monos que no que-rían ser monos y se sentó alrededor de una mesa de café a contarles sus increíbles experiencias, asegurando una pronta venganza.


Como si estuvieras

Piensa, mientras desparrama papeles sobre una mesa y busca una respuesta que sabe, que lo sabe muy bien, no va a estar allí. Pero sigue buscándola. Piensa. O mira los papeles y recuerda, ve lo que vuelve, con los huecos de lo incierto, de lo que no va a saber nunca y completa con su parte. Lo asume, como si nada extraño hubiera sucedido, en algo veraz. Piensa en el momento en que han sido escritos. Los ve como si el momento nunca se hubiera terminado y reconoce una mano o varias manos que fueron haciendo lo que ahora está haciendo. Borra, piensa, cambia, vuelve a borrar y reescribe. En su mente lo ve. Pero cree o piensa que esos papeles fueron, o todavía son, fragmentos de algo vivo, de algo que aún no se descompone, como si el cadáver también se escondiera en el clóset y con solo abrir una puerta se liberara al azar o al destino. O asumo que piensa y soy yo quien está imaginando que él piensa en los papeles, en el bolígrafo, en la mano, en el hombro al descubierto, en la ropa, en la piel bajo la ropa, en lo de adentro. Así, secuencial, en detalle, recorriendo despacio, poco a poco, para reconocer las similitudes y diferencias de lo que fue, de lo que es, o de lo que podría ser, que para él ahora es o asumo que para él es.
Acaba de revisar los papeles. Los va a romper. Va a terminar con los pedazos de pasado, como si no doliera, como si el recuerdo no estuviera o estuvieran en esas letras, aceptando la derrota, llamando a la revancha, incitando a lo que tenga que ser para que ya no sea la nada misma. O los va a juntar. Los acomodará por fecha, por cómo están firmados o por cómo recuerda que le fueron llegando. Los va a ir acomodando y al tacto, así como a la pasada, sin que nos demos cuenta, acariciará las hojas sin hacer ni un gesto, ni una mueca, para que no veamos que las palabras mudas o calladas a la fuerza también saben decir.